(Romerías y fiestas de raigambre soriano)
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  SAN BARTOLOMÉ DE UCERO

     


Interior de la Ermita

Soria, como tantas otras provincias españolas, tiene entre sus fiestas populares tradicionales algunas que lo son de toda una comarca, no ya de un lugar, pueblo o villa, sino, que amparan a un indeterminado número de localidades entre las que hay vínculos y vecindad, casi siempre por motivos de índole superior. En general la mayor parte de ellas, por no decir todas, tienen una raíz cristiana y su epicentro es la devoción a o hacia determinada advocación, generalmente mariana, aunque no siempre, pues también las hay hacia santos con entronque en el lugar.

Recuerdo que en mis años niños mi madre nos contaba la que en determinados años reunía en El Burgo de Osma a un incontable número de pueblos que iban a requerir a la Virgen del Espino la prerrogativa o rogativa de agua para el campo tras temporadas o años de intensa sequía, era, creo treinta y tantos los pueblos los que allí se concentraban portando sus imágenes, sus pendones y estandartes, en un acto mariano que ahora ya no suele verse.

También para el 5 de agosto se celebraba por tierras de Abejar y Cabrejas del Pinar el dedicado a la Virgen Blanca, ubérrimo y espléndido de asistencia otrora, hoy algo menor, pero aún con gran número de gentes, forasteras las más dado que muchas de ellas habitan en otras localidades españolas que aprovechan su estancia veraniega y agosteña para asistir a un acto que aún recuerdan de sus años jóvenes.

Por el otro lado de la provincia son singulares las de la Virgen de los Milagros, en Ágreda, a la que asisten no sólo las gentes de Tierrágreda y Soria, sino de las vecinas de Aragón, Rioja y Navarra, muy en especial las de las zonas lindantes de Cervera del Río Alhama, Cintruénigo, Tudela y Tarazona, empero de tantos pequeños pueblos menores de la comarca, ya que es un lugar mariano por excelencia, que pude contemplar en mis años niños.

Otras de las antaño populares y que aún arrastra a innumerables gentes es la olvegueña Virgen de Olmacedo, que siendo a su vez la patrona del lugar, también es fecha y lugar de peregrinaje, ya que va de la mano cisterciense y en su día perteneció, creo, al Convento de Navarra, viéndose gentes de aquellos lugares, especialmente de Falces, siendo festividad que no logré presenciar personalmente y aunque tengo buenos amigos del lugar que son corresponsales e informadores, quisiera poder tener el gozo de conocerla directamente para ser portavoz de viva voz y espíritu.

Tampoco conozco otra que fue popular y aún tiene raigambre, me refiero a la de la Virgen de la Llana (la del famoso Cautivo de Peroniel), que aún conserva viveza y devoción, sin embargo sí conocí una que no siendo mariana tiene fuerte raigambre en la zona de Ucero, me refiero a la popular y multitudinaria de San Bartolo (San Juan de Otero), celebrada el 24 de agosto entre los muchos pueblos de aquellos contornos. En mi etapa vi gentes de Ucero (su sede y ubicación, en el hermoso Cañón de su nombre), Herrera, Aylagas, Fuentecantales, Cantalucia, Nafría, Casarejos, San Leonardo, Talveila, Valdeavellano, Valdemaluque, Sotos, Berzosa, Osma, Fuencaliente, El Burgo de Osma, Torralba, Valdealbillo, Barcebal, Barcebalejo y alguno más que no recuerdo, porque a decir verdad, es fiesta oportuna tras la cosecha y la venida de los forasteros, que, al punto de concluir sus vacaciones, hacen allí sus últimos pinitos festeros con ese moderno “Picnic” que son casi todas esas celebraciones, al par que lugar de “jolgorio y vino”, más o menos prudente según la propia prudencia de las gentes.

A mí, particularmente, me duele un poco la fiesta, no ya por lo que es y representa, sino por la modificación de comportamientos y costumbres, por cuanto hoy, al tener fácil acceso por medio del coche, el esfuerzo de ir es menor, está más al alcance, se hace cada vez más profana y se mancilla, ecológicamente el lugar, ya que no hay más que darse una vuelta los días siguientes ¡y ver el panorama!

El Cañón, belleza natural incomparable, queda un poco desdibujado, e incluso las ¡famosas huellas del Salto del Caballo de Santiago! se deterioran más. Dice la tradición popular –contada de padres a hijos- que por allí pasara para ir a Covadonga a asistir a los cristianos y pasara el Cañón en dos saltos (nadie dice si venía o iba de o a Clavijo, o si en el milagro actuó en dos lugares al tiempo), pero aunque no fueran huellas de su caballo, lo cierto es que vale la pena el lugar por su tipismo.

A mí me lo contara mi primo Alfredo Aylagas y lo continúo para que nuestros hijos, por lo menos, conozcan la anécdota. ¡San Bartolo, como diría Napoleón sobre París, bien vale una Misa!

Josoro-88         

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